El control de armas nucleares ha sido un pilar fundamental durante décadas. El Tratado START I, firmado en 1991 entre Estados Unidos y la URSS, inició una era de desarme bilateral al reducir significativamente los arsenales de ambas superpotencias.
Su sucesor, el Nuevo START, firmado en 2010 por Barack Obama y Dmitri Medvedev, entró en vigor en 2011 e impuso límites estrictos: máximo 1,550 ojivas nucleares estratégicas desplegadas por cada parte, 700 lanzadores desplegados y un robusto sistema de inspecciones mutuas. Prorrogado en 2021 por cinco años, era el último acuerdo vigente de control nuclear entre Washington y Moscú, fomentando transparencia y evitando una carrera armamentista descontrolada.
Sin embargo, este 5 de febrero de 2026, el New START expiró sin prórroga, dejando a las dos mayores potencias nucleares sin restricciones formales por primera vez en más de medio siglo.
El presidente Donald Trump reaccionó en Truth Social, calificando el acuerdo como “un trato mal negociado por Estados Unidos” y “gravemente violado”. En vez de extenderlo, abogó por “un tratado nuevo, mejorado y modernizado que pueda durar mucho tiempo en el futuro”.
Desde Moscú, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, lamentó la expiración y la consideró “negativa”, aunque subrayó que Rusia actuará responsablemente como potencia nuclear. Recordó que Vladimir Putin ofreció en septiembre de 2025 una extensión informal de un año, sin respuesta oficial de Washington, lo que calificó de “enfoque erróneo y lamentable”. El Ministerio de Exteriores ruso señaló que, sin tratado, ya no rigen sus obligaciones, pero defenderá su seguridad ante cualquier amenaza y mantiene abierta la puerta al diálogo.
Trump ha insistido en incluir a China en futuros pactos, argumentando que el rápido crecimiento de su arsenal representa una amenaza que no puede ignorarse en un marco solo bilateral. Pekín rechaza consistentemente esta idea, defendiendo su doctrina de disuasión mínima y negando participar en una carrera armamentista. Sin embargo, sus demostraciones públicas contrastan con esa postura: en el desfile del Día de la Victoria de septiembre de 2025, por el 80 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico, China exhibió por primera vez su tríada nuclear completa (tierra, mar y aire).
Destacaron el misil balístico intercontinental DF-61, capaz de múltiples ojivas a más de 15 mil km, el misil submarino JL-3, y el bombardero H-6N con misil aéreo JL-1. Además, se presentaron drones con inteligencia artificial, vehículos submarinos no tripulados de gran tamaño con potencial nuclear, armas láser como el LY-1, para neutralizar drones, y sistemas de microondas de alta potencia como el Hurricane 3000 contra enjambres.
(FAGG)