Según los últimos datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos, CDC, hasta finales de noviembre se estiman más de 650 mil casos de influenza, unas 7,400 hospitalizaciones y alrededor de 300 muertes relacionadas con la enfermedad. Es importante aclarar que, hasta el momento, no se ha confirmado ningún fallecimiento por pruebas de laboratorio; las 300 muertes son estimaciones basadas en modelos estadísticos que el CDC actualiza cada semana.
A nivel nacional la actividad gripal todavía se considera baja, pero ya está aumentando, sobre todo en niños menores de 18 años y en adultos mayores de 65.
En varias regiones del sureste y el medio oeste los indicadores están subiendo más rápido que el año pasado por estas fechas.
Este año circula una variante nueva dentro de la cepa H3N2, conocida como “subclade K”, que apareció demasiado tarde para incluirla completamente en la vacuna actual. Por eso puede reducir un poco la protección contra esa variante específica, aunque la vacuna de esta temporada sigue siendo entre 40 y 60 por ciento efectiva contra las cepas principales de H3N2, H1N1 y los virus tipo B.
Los expertos coinciden en que vacunarse sigue siendo la mejor forma de evitar casos graves y hospitalizaciones.
Hasta ahora se han distribuido cerca de 140 millones de dosis en todo el país, así que todavía hay tiempo de sobra para protegerse antes de que lleguen los picos típicos de enero y febrero.
Los CDC recomiendan la aplicación de la vacuna a todas las personas mayores de 6 meses, lavarse las manos con frecuencia, cubrirse al toser y, si aparecen síntomas como fiebre, tos o dolor de cuerpo, quedarse en casa para no contagiar a los más vulnerables: abuelos, niños pequeños o personas con enfermedades crónicas.
(CAGG)