La policía israelí impidió el acceso del cardenal Pierbattista Pizzaballa y del custodio de Tierra Santa, Francesco Ielpo, a la Iglesia del Santo Sepulcro cuando se disponían a encabezar las celebraciones del Domingo de Ramos en Jerusalén, durante lo que sería una misa privada.
El Patriarcado Latino consideró que el hecho constituye un grave precedente y demuestra falta de consideración hacia la sensibilidad de millones de devotos; además, señaló que, por primera vez en siglos, a los líderes de la Iglesia se les impidió celebrar esta ceremonia en el templo.
Previamente, ya se había anunciado la cancelación de la procesión tradicional, que normalmente parte del Monte de los Olivos hacia Jerusalén y atrae cada año a miles de fieles.
Tras lo ocurrido, Pizzaballa dirigió un momento de oración por la paz desde el Santuario del Dominus Flevit, en Getsemaní, donde bendijo la ciudad con una reliquia de la Santa Cruz.
A través de redes sociales, el presidente de Israel, Isaac Herzog, justificó la actuación de las autoridades al señalar que se debió a preocupaciones de seguridad ante la amenaza de ataques iraníes contra la población civil. Asimismo, lamentó la situación y dijo que expresó su pesar al cardenal durante una llamada telefónica.
Por su parte, el embajador de Estados Unidos en Israel, Mike Huckabee, reprobó lo que calificó como un “abuso de poder”. Explicó que, aunque las medidas restringen las reuniones a 50 personas o menos, solo cuatro representantes de la Iglesia católica pretendían ingresar al recinto, por lo que consideró difícil de justificar la prohibición.
(CAGG)