El patrimonio histórico y la seguridad ciudadana en el corazón de Monterrey, Nuevo León, han sufrido un revés, lo que en 2025 fue entregado como un espacio de vanguardia diseñado para proteger al peatón y dignificar al Arco de la Independencia, hoy luce fragmentado.
La glorieta naranja, que antes servía como un refugio seguro para quienes cruzaban a pie, fue destruida y dividida en dos. Donde antes se promovía el respeto al espacio histórico, ahora solo se aprecia pavimento fresco.
Esta modificación tenía un objetivo claro: abrir paso a dos nuevos carriles de circulación con dirección al sur.
La destrucción no se limitó a la glorieta central, cuatro jardineras estratégicas (dos sobre la avenida José María Pino Suárez y dos sobre Francisco I. Madero) han desaparecido.
Más grave aún es la eliminación de los semáforos peatonales. Sin ellos, el punto se ha convertido en una trampa, donde decenas de personas al toparse con los muros de contención color naranja, prefieren invadir los carriles de alta velocidad, exponiéndose a ser arrollados.
Además, la eliminación de bolardos y lámparas ha dejado una superficie gris y desolada que invita al automovilista a acelerar, ignorando la presencia del peatón.
Versiones extraoficiales indican que el Municipio de Monterrey desconocía si existía un proceso legal que ordena detener o modificar los trabajos de adecuación vial.
Dicha confusión se hizo evidente la mañana de este jueves. Debajo de la estructura del Arco, se pudo observar una camioneta de la Secretaría de Servicios Públicos con al menos cuatro trabajadores que permanecieron estáticos.
Sin herramientas en mano ni maniobras en marcha, la escena reflejó una aparente espera de instrucciones ante una obra que ha generado más dudas que soluciones.
Lo que tendrá que revertirse no es solo el asfalto sobre el monumento, sino una visión de ciudad que considera que la fluidez de los autos vale más que la integridad de sus habitantes y la conservación de su historia.
(APHA)